Decidí, o bueno, se me ocurrió, o para ser sincero, la creatividad me afloró justo en este momento, día de mi vigésimo cumpleaños. Resulta que mi aventura por el mundo de los blogs inició en Septiembre, o al menos esa fue la idea, pero al no saber sobre qué escribir, si tener un tema específico para este espacio o simplemente seguir el consejo de muchos blogueros consumados, hacerlo mi diario de campo, mi oportunidad para articular lo que pienso.
Y preferí lo segundo, escribir lo que sea, lo que se me venga a la mente y ser un dictador escogiendo los asuntos que trato arbitrariamente. Por eso el día de hoy, 4 de Enero de 2011 es una oportunidad perfecta para empezar a utilizar estos medios de expresión, con el motivo de mi no tan glorioso natalicio.
Pasa que cuando uno cumple en estas atípicas fechas, y sobre todo cuando es niño, lo embolatan a uno con un solo regalo para todas las festividades pasadas y siguientes, como el 6 de Reyes, pasa que no bastó con la reflexión acerca de “qué hice en el año pasado” del 31, ahora uno vive en un estado de introspección frecuente por estos días, pensando que se dejó de hacer, en que se falló y cómo remediar el caos de muchas situaciones. Y quién no se deprime, viendo como no es suficiente con saber que se es más viejo 2 veces en menos de una semana. Los primeros cuatro días del año son de stand by, de no ser uno mismo e imaginar cómo se reinventa para el ciclo que comienza, y está bien, hacer un alto y tratar de cambiar, pero no quisiera caer en esa odiosa costumbre que tiene la gente (pues no lo soy y no me interesa en lo más mínimo ser “gente”) de intentar cambiar de un día para otro, este año sí, este año es, este año compro la moto, este año bajo de peso, este año consigo novia, este año dejo de ser tan mierda con los demás… Es gracioso ambicionar tal cambio en un tiempo tan corto, como si el cerebro se reseteara cada 31 o cada cumpleaños.
A veces envidio a los testigos de Jehová, quiénes no celebran esta clase de fiestas paganas, impuras, del mundo corrompido y execrable. ¿Por qué? Bueno porque simplemente no esperan nada de un día de estos, no anhelan un regalo que no llegó, una felicitación de quien nunca lo hizo, una celebración que nunca pasó de un ponqué barato con un velón de la virgen encima. Poco envidio a los brasileños, que según dicen le jalan las orejas al cumpleañero tantas veces como años tenga, o a los canadienses, en Quebec , pues la persona recibe un golpe por cada año de su edad, y uno más para la buena suerte, aunque no niego que sería divertido vivir en Dinamarca, despertaría entonces lleno de regalos alrededor de mi cama, o en Israel para ser levantado en una silla 20 veces, y una más para la buena suerte.
Sí, parece materialista pero es verdad, espero los regalos, mucho más que una felicitación que nada cuesta, porque el regalo es eso, el sacrificio ya sea económico o de otro tipo por una persona, eso demuestra el cariño, el interés. Mejor no me hago muchas expectativas, espero que pase lo que tenga que pasar, sin ilusiones, sin piñata, sin regalos.
Y como es inevitable crecer, pensé en compartirles esta canción de The Beatles, me llevarás vino cada vez que cumpla años...
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